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domingo, 27 de enero de 2019
sábado, 7 de julio de 2018
VIDA O LITERATURA (2)
Alguna vez leí por ahí, o vi en una película, que cuando los judíos eran trasladados por los alemanes en esos vagones de ganado —con sólo una ranura en la parte alta para que les entrara un poco de aire—, mientras iban cruzando las campiñas olorosas a hierba húmeda, elegían al mejor narrador entre ellos y, haciéndolo trepar sobre sus hombros, lo subían hasta la ranura para que les fuera describiendo el paisaje y contándoles lo que veía al paso del tren.
Yo ahora soy una convencida de que entre ellos debió haber muchos que preferían imaginar esas maravillas contadas por su compañero, a tener el privilegio de mirar ellos mismos por la ranura.
La contadora de películas. Hernán Rivera Leterier
domingo, 1 de diciembre de 2013
EL SILENCIO DE DIOS (3)
Aunque todas las leyes físicas se trastocasen, aunque todo quedase en una orgía de horrores, Dios continuaba lejano.
El declive y la cuesta. Mercedes Salisachs
Quería oír el silencio... El silencio era puro... hondo... cósmico... «Dios es silencio», pensó.
El arte de la resurrección. Hernán Rivera Letelier
Dios mío, ¿cuánto tiempo mantendrás tu silencio? ¿Hasta cuándo, ¡oh, Señor!, hasta cuándo los malvados se regocijarán?
Sombras sobre el Hudson. Isaac Bashevis Singer
Entonces pidieron ayuda a los dioses: a los dioses mayas, y al dios de los cristianos.
En vano esperaron la respuesta. Ningún dios dijo nada. Todos los dioses estaban mudos.
El libro de los abrazos ("Los indios/3"). Eduardo Galeano
Los dioses no se levantan; no se levantan para prevenirnos, ni para protegernos, ni para recompensarnos, ni para castigarnos.
Memorias de Adriano. Marguerite Yourcenar
lunes, 30 de abril de 2012
FE (2)
No se daban cuenta de que lo que había que hacer en verdad, para transformar este mundo de una vez por todas, era creer para ver.
El arte de la resurrección. Hernán Rivera Letelier
Uno cree con avidez, y con hambre, no con una fe tranquila, sino con una pasión incontrolada, lo mismo que una necesidad física, una urgencia.
Emaús. Alessandro Baricco
¿Qué posibilidades tenía la razón y los hechos contra lo que la gente necesitaba creer desesperadamente?
Infiltrado. Connie Willis
Los ancianos se vuelven más creyentes: Dios es acumulativo.
El perro que comía silencio ("Huesos"). Isabel Mellado
El hombre, que ha logrado liberar la energía atómica, componer cerebros electrónicos y lanzar al espacio satélites artificiales, no ha conseguido, ni lo conseguirá nunca, crear un helecho, una amapola, una naranja, una mariposa. El hombre, que puede crear, tiene necesidad de creer.
Humo. Francisco Javier Martín Abril
martes, 7 de junio de 2011
FE
La necesidad de Dios es una realidad eterna que nunca ha tenido nada que ver con la inteligencia.
Brillante como una cacerola ("La existencia de Dios"). Amèlie Nothomb
Desconfía de las conclusiones ilógicas y prematuras, de lo que te parezca insignificante y cuando te sorprendas pensando que la meta final de la existencia es la nada. El nihilismo sin fundamento no es más que un sentimentalismo absurdo.
El invierno de aquel año ("El estuario"). Yi Mun-Yol
La fe es nuestra única ancla.
Drácula. Bram Stoker
Soy un convencido de que es la fe y no el Dios lo que importa.
El arte de la resurrección. Hernán Rivera Letelier
Siempre desconfió la Santa Madre Iglesia de los artistas, y con razón, pues en ellos anida siempre una amenaza para la Fe.
Trece campanadas. Suso de Toro
lunes, 2 de mayo de 2011
SILENCIO
La mejor palabra es el silencio, y lo mejor que se puede hacer es no hacer nada.
Boca sellada. Simonetta Agnello Hornby
El daño del silencio no se puede reparar.
La princesa de hielo. Camilla Läckberg
Estaba mirando hacia abajo, pensando lo ridículamente pequeño y fútil que era todo, y que la única respuesta posible era el silencio.
Mi nombre es Sei Shônagon. Jan Blensdorf
Siempre me ha gustado el silencio de la siesta y la calma del estudio.
Mal de escuela. Daniel Pennac
Nada fortifica tanto el espíritu como el silencio del desierto.
El arte de la resurrección. Hernán Rivera Letelier
lunes, 11 de abril de 2011
LEYENDAS
La nave de los locos
Se explayó diciendo que a finales de la Edad Media, en el continente europeo, para librarse de los locos, que eran legión en las aldeas, las autoridades los cazaban como a perros, los arrastraban al puerto más cercano y los ponían a todos en una pequeña embarcación, y que ya en alta mar, lejos de las ciudades, dejaban la nave al garete, sin mando, abandonando a los pobres hombres a su suerte en medio del oleaje, y que la naturaleza se hiciera cargo de su misérrima existencia.
-Ésa era la Nave de los Locos.
El arte de la resurrección. Hernán Rivera Letelier
(Léase también "La nave de los locos" (Trece tristes trances), de Albert Sánchez Piñol.)
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