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jueves, 12 de noviembre de 2020

CRÉETELO... O NO (22)


La simbología de la mafia

La nueva mafia dispara a lo loco, a diestro y siniestro, a ancianos y niños, caiga donde caiga, y jamás se digna dar una explicación de lo que ha hecho.
La vieja mafia no: ésta explicaba, se decía. Claro que no de palabra o por escrito, eso no, pero sí con signos.
La vieja mafia era maestra en semiología, que es la ciencia de los signos utilizados para comunicar.
¿Muerto con un tallo de higo chumbo sobre el cuerpo?
Lo hemos hecho porque nos ha pinchado con demasiadas espinas, con demasiados disgustos.
¿Muerto con una piedra en el interior de la boca?
Lo hemos hecho porque hablaba demasiado.
¿Muerto con las manos cortadas?
Lo hemos sorprendido con las manos en la masa.
¿Muerto con los cojones en la boca?
Lo hemos hecho porque ha ido a follar donde no debía.
¿Muerto con los zapatos sobre el pecho?
Lo hemos hecho porque quería escapar.
¿Muerto con los ojos sacados?
Lo hemos hecho porque no quería rendirse a la evidencia.
¿Muerto con todos los dientes arrancados?
Lo hemos hecho porque quería comer demasiado.
Y así sucesivamente.
         El campo del alfarero. Andrea Camilleri


jueves, 23 de junio de 2011

CRÉETELO... O NO (4)


Mafia

Los propios sicilianos, a lo largo de los siglos, quedaron estratificados en tres clases distintas. Estaban los siervos, de quiénes qué se puede decir, la verdad. Luego, los terratenientes, que poseían mansiones en la isla pero iban lo menos posible. Y por último los capataces: una clase de sanguijuelas que, con tal de mantener el ritmo de producción, podían hacer lo que quisieran con los siervos.

Los capataces vivían en las mansiones cuando sus dueños estaban fuera. En la época otomana los llamaban  maifa, que significa «fanfarrones». De ahí vino más adelante el término mafia.

Cuando los sicilianos empezaron a emigrar a Estados Unidos a principios del siglo XX, para dedicarse principalmente a recoger papel de la basura en el Lower East Side de Manhattan, la mafia siguió chupándoles la  sangre.
         Burlando a la Parca. Josh Bazell