Las alas de mi padre. Milena Agus
El día antes de la felicidad. Erri De Luca
La trampa es pensar que tenemos derecho a ser felices.
La amaba. Anna Gavalda
No hay felicidad comparable (...) a la expectativa de ser feliz.
La lluvia de los inocentes. Andrés Ibáñez
Éramos rehenes de nuestra felicidad, que se nos imponía como un deber, no como un derecho.
El corrector. Ricardo Menéndez Salmón
La felicidad despierta más envidia que la riqueza.
Arroz de Palma. Francisco Azevedo
Una gran parte de la felicidad humana consiste en hacer comparaciones
con los días más tristes; se goza más del descanso de una cama caliente
al recordar el frío que se ha pasado por el camino.
Ann Vickers (cárceles de mujeres). Sinclair Lewis
Nunca se renuncia a demasiado a cambio de la felicidad.
La vida resguardada. Ellen Glasgow
Cuando ayudas a alguien a alcanzar la felicidad que ya no tendrás,
obtienes un pedacito de ella. Y queda registrada también a tu nombre.
Artífices del azar. Yoav Blum
Sólo se ven los inconvenientes de una dicha cuando uno cree con certeza en ella.
Féder o el marido adinerado. Stendhal (Henri-Marie Beyle)
No resulta fácil expresar la felicidad. Lo dicen todos los escritores.
Paris-Austerlitz. Rafael Chirbes
La felicidad se vive, no se habla de ella.
Las leyes de la frontera. Javier Cercas
¿Era inconcebible que la felicidad no fuera el único objeto?
Los enamorados. Alfred Hayes
Cuanto mayor es la felicidad, mayor es la angustia que se siente.
Hombres sin mujeres ("Drive My Car"). Haruki Murakami
La felicidad molesta mucho a los que la ven.
El verano mágico en Cape Cod. Richard Russo
La felicidad prolongada es el auténtico aburrimiento existencial.
Cáscara de nuez. Ian McEwan
Nadie tiene que avergonzarse de ser feliz.
Patagonia Express. Luis Sepúlveda
La felicidad que has sentido no la descubres hasta después.
El lago. Banana Yoshimoto
Venecia
Venecia es más una ciudad para el recuerdo. Venecia es una ciudad que vuelve sola al recuerdo.
Mil de mil ("Una sola Venecia"). Andrés Trapiello
Madrid
Amo
Madrid. Amo esa bendita ciudad sin rostro. Amo a su gente, sus calles,
sus famosos cielos velazqueños, su frío alegre, su calor seco, su
tolerancia, su humor, su desparpajo, su indiferencia, su incomensurable
generosidad.
Tiempos muertos ("La libertad y las circunstancias"). Roger Wolfe
París
Incluso
con lluvia (...), aun bajo sus cielos cerrados, las calles de París
siempre esperan como una promesa. Es un lugar perfecto para que dos
personas se conozcan. Sobre todo si acaban de casarse.
Mientras los demás bailan. Ángela Vallvey
La biblioteca anestesia parte de mis angustias.
Signatura 400. Sophie Divry
No hay nada más triste que una biblioteca vacía. Quiero decir, una biblioteca abierta pero despoblada.
Signatura 400. Sophie Divry
Los dos juntos, libro y lector, en el momento adecuado de la vida de
cada uno, eso puede producir chispas, una llamarada, una hoguera, puede
cambiar una vida. Se lo juro.
Signatura 400. Sophie Divry
Cuando tú mismo te consideras un fracasado, un impotente, un parásito, rodearse de libros ayuda mucho.
Signatura 400. Sophie Divry
En ningún otro lugar te sientes tan miserable como en una biblioteca.
Por más que te humilles ante los libros, por más que te esfuerces por
intentar comprender, por más que yo haya leído y releído, no hay
esperanza. Usted lo sabe bien. Los libros no pueden hacer nada por
nosotros. Siempre tienen más razón que nosotros.
Signatura 400. Sophie Divry
El acto de leer establece una relación íntima, física, en la que
participan todos los sentidos: los ojos que extraen las palabras de la
página, los oídos que se hacen eco de los sonidos leídos, la nariz que
aspira el aroma familiar del papel, goma, tinta, cartón o cuero, el
tacto que advierte la aspereza o suavidad de la página, la flexibilidad o
dureza de la encuadernación; incluso el gusto, en ocasiones, cuando el
lector se lleva los dedos a la lengua.
Una historia de la lectura. Alberto Manguel
Me pregunto, como suelo hacerlo periódicamente, por qué conservo tantos libros que, lo sé perfectamente, nunca volveré a leer.
Una historia de la lectura. Alberto Manguel
No hay libros (o muy pocos, poquísimos) en los que no haya encontrado algo que me interese.
Una historia de la lectura. Alberto Manguel
Disfruto con el espectáculo de mis estanterías abarrotadas, llenas de
nombres más o menos familiares. Me complace saber que estoy rodeado por
algo que se asemeja a un inventario de mi vida dándome indicios sobre mi
futuro.
Una historia de la lectura. Alberto Manguel
Sé que algo se muere cuando renuncio a mis libros, y que mi memoria sigue volviendo a ellos con afligida nostalgia.
Una historia de la lectura. Alberto Manguel
Otoño:
las hojas
no caen,
se sueltan
en un gesto
generoso,
para que
otra nueva
brote y
crezca.
Las hojas
no caen,
se desprenden
libremente
de la rama;
se entregan
confiadas
a la tierra,
para abrazar
la vida.
Inesperadamente (Me pregunto, "Un gesto"). Jesús Fonseca